15 de diciembre de 2018

Sádado 2º de Adviento - También el Hijo del Hombre va a padecer






Lectura del santo evangelio según san Mateo 17, 10-13

Cuando bajaban de la montaña, los discípulos preguntaron a Jesús: «¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?»

Él les contestó: «Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido, y no lo reconocieron, sino que lo trataron a su antojo. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos.»


Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan el Bautista.»


Reflexión al evangelio de hoy

También el Hijo del Hombre va a padecer

Cuatro son los personajes de la liturgia de hoy: Elías, Juan el Bautista, Jesús y todos nosotros. Elías y Juan el Bautista tienen un rasgo común en su predicación: “mano dura”. “Elías, un profeta como un fuego, cuyas palabras eran horno encendido”. Juan el Bautista se ganó la fama de austero y de predicador recio: “Raza de víboras, ¿quién os enseñó a huir de la ira que os amenaza?... Ya está puesta el hacha a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego”.

Jesús en el anuncio y predicación de su buena noticia tiene otro tono. Un tono cercano, entrañable, más amable. Nos anuncia que Dios está dispuesto a tener unas relaciones muy cercanas, íntimas con todos los hombres, siendo nuestro Rey y Señor. Si le dejamos se ofrece  a reinar en nuestro corazón y guiar nuestras vidas. Pero es un Rey especial, tan especial que Jesús nos asegura que es nuestro Padre, que busca siempre nuestro bien. Y cuando nos despistamos y le damos la espalda está dispuesto a acogernos y perdonarnos hasta setenta veces siete, es decir, siempre. También Jesús, en la misma línea que su Padre y nuestro Padre Dios, se olvida de su condición divina y se llega hasta nosotros como nuestro servidor, señalándonos el camino que conduce a la vida y vida abundante. Las autoridades religiosas de entonces quisieron hacerle callar, pero Jesús, por ser fiel a sí mismo y a nosotros y a la enseñanza que quería dejarnos, nos siguió predicando su buena noticia, lo que le costó morir injustamente en la cruz .“El Hijo del Hombre va a padecer a manos de ellos”.

Quedamos nosotros, los que queremos vivir con intensidad este nuevo adviento. Sabemos bien lo que tenemos que hacer… seguir en todo momento a Jesús: “Te seguiré donde quiera que vayas”.

Fray Manuel Santos Sánchez
Convento de Santo Domingo (Oviedo)5

Meditación publicada en: https://www.dominicos.org

Publicado por: ACGdeMadrid - sábado, diciembre 15, 2018

14 de diciembre de 2018

Viernes 2º de Adviento - Convertirse a las repetidas llamadas de Dios






Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,16-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «¿A quién se parece esta generación? Se parece a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros: "Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado." Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: "Tiene un demonio." Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores." Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios.»


Reflexión al evangelio de hoy

Convertirse a las repetidas llamadas de Dios

Mi Señor Jesús, tú, cuyo amor por mí ha sido tan grande como para hacerte descender del cielo para salvarme. Amado Señor, muéstrame mi pecado, muéstrame mi indignidad, enséñame a arrepentirme sinceramente, perdóname según tu misericordia. Te pido, mi amado Salvador, que vuelvas a tomar posesión de mí mismo. Sólo tu gracia puede hacerlo; no puedo salvarme a mí mismo; soy incapaz de recobrar lo que he perdido. Sin ti, no puedo girarme de nuevo hacia ti, ni complacerte. Si cuento con mis propias fuerzas, iré de mal en peor, desfalleceré completamente, me endureceré en mi indigencia. Haré que el centro de mi vida sea yo en lugar de ser tú. En lugar de adorarte a ti adoraré a algún ídolo modelado por mí mismo, si tú no lo evitas con tu gracia, tú, mi único y verdadero Dios y Creador,¡Escúchame, oh mi querido Señor! He vivido ya bastante tiempo en ese estado fluctuante, indeciso y mediocre; quiero ser tu fiel servidor, no quiero pecar más. Sé misericordioso conmigo, haz que, por tu gracia, me sea posible llegar a ser ese que debería ser.

Beato John Henry Newman (1801-1890)
teólogo, fundador del Oratorio en Inglaterra
Meditaciones y Devociones, Parte 3, IV: Sin, § 25

Meditación publicada en: https://evangeliodeldia.org

Publicado por: ACGdeMadrid - viernes, diciembre 14, 2018

13 de diciembre de 2018

Jueves 2º de Adviento. - La verdadera violencia que se apodera del Reino de los cielos.






Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,11-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él. Desde los días de Juan, el Bautista, hasta ahora se hace violencia contra el reino de Dios, y gente violenta quiere arrebatárselo. Los profetas y la Ley han profetizado hasta que vino Juan; él es Elías, el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo. El que tenga oídos que escuche.»


Reflexión al evangelio de hoy

La verdadera violencia que se apodera del Reino de los cielos

Josué atravesó el Jordán para atacar a la ciudad de Jericó. Mas, san Pablo enseña: “Nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso, sino contra las fuerzas sobrehumanas y supremas del mal que dominan este mundo de tinieblas” (Ef 6,12). Las cosas que han sido escritas son imágenes y símbolos. Porque Pablo dice en otro lugar: “Todo esto les sucedía como un ejemplo: y fue escrito para escarmiento nuestro, a quienes nos ha tocado vivir en la última de las edades” (1C 10,11). Si estas cosas, pues, han sido escritas para nuestra instrucción, entonces ¿por qué tardas tú? Hagamos como Josué, marchemos a la guerra, asaltemos la ciudad más extensa de este mundo, es decir, la malicia, y destruyamos las murallas orgullosas del pecado.

¿Mirarás a tu alrededor para ver que camino has de tomar, qué campo de batalla has de escoger? Encontrarás, sin duda, que mis palabras son extrañas, y sin embargo son verdaderas: limítate a buscarlos en ti solo. En ti está la batalla que tienes que librar, en tu interior está el edificio de la malicia que es preciso abatir; tu enemigo sale del fondo de tu corazón. No soy yo quien lo digo, es Cristo; escúchale: “Los malos pensamientos, homicidios, adulterios, mala conducta, robos, falsos testimonios, difamaciones, vienen del corazón” (Mt 15,19). ¿Te das cuenta del poder de este ejército enemigo que se lanza contra ti desde el fondo de tu corazón? Estos son nuestros verdaderos enemigos.

Orígenes (c. 185-253)
presbítero y teólogo
Homilías sobre Josué, nº 5

Meditación publicada en: https://evangeliodeldia.org

Publicado por: ACGdeMadrid - jueves, diciembre 13, 2018

12 de diciembre de 2018

Miércoles 2º de Adviento. - «Mi yugo es suave y mi carga ligera»






Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,28-30

En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»


Reflexión al evangelio de hoy

«Mi yugo es suave y mi carga ligera»

hoy, Jesús nos conduce al reposo en Dios. Él es, ciertamente, un Padre exigente, porque nos ama y nos invita a darle todo, pero no es un verdugo. Cuando nos exige algo es para hacernos crecer en su amor. El único mandato es el de amar. Se puede sufrir por amor, pero también se puede gozar y descansar por amor…

La docilidad a Dios libera y ensancha el corazón. Por eso, Jesús, que nos invita a renunciar a nosotros mismos para tomar nuestra cruz y seguirle, nos dice: «Mi yugo es suave y mi carga ligera» (Mt 11,30). Aunque en ocasiones nos cuesta obedecer la voluntad de Dios, cumplirla con amor acaba por llenarnos de gozo: «Haz que vaya por la senda de tus mandamientos, pues en ella me complazco» (Sal 119,35).

Me gustaría contar un hecho. A veces, cuando después de un día bastante agotador me voy a dormir, percibo una ligera sensación interior que me dice: —¿No entrarías un momento en la capilla para hacerme compañía? Tras algunos instantes de desconcierto y resistencia, termino por consentir y pasar unos momentos con Jesús. Después, me voy a dormir en paz y tan contento, y al día siguiente no me despierto más cansado que de costumbre.

No obstante, a veces me sucede lo contrario. Ante un problema grave que me preocupa, me digo: —Esta noche rezaré durante una hora en la capilla para que se resuelva. Y al dirigirme a dicha capilla, una voz me dice en el fondo de mi corazón: —¿Sabes?, me complacería más que te fueras a acostar inmediatamente y confiaras en mí; yo me ocupo de tu problema. Y recordando mi feliz condición de "servidor inútil", me voy a dormir en paz, abandonando todo en las manos del Señor…

Todo ello viene a decir que la voluntad de Dios está donde existe el máximo amor, pero no forzosamente donde esté el máximo sufrimiento… ¡Hay más amor en descansar gracias a la confianza que en angustiarse por la inquietud!

P. Jacques PHILIPPE
(Cordes sur Ciel, Francia)

Meditación publicada en: http://evangeli.net

Publicado por: ACGdeMadrid - miércoles, diciembre 12, 2018

11 de diciembre de 2018

Martes 2º de Adviento - ¿No dejará a las noventa y nueve para ir en busca de la oveja perdida?






Lectura del santo evangelio según san Mateo 18,12-14

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.»


Reflexión al evangelio de hoy

¿No dejará a las noventa y nueve para ir en busca de la oveja perdida?

La espera del alma a la venida del Señor
No sé, oh Señor, a qué hora vendrás,
Por eso vigilo continuamente y presto atención,
Yo, Tu esposa por Ti escogida,
Porque sé que Te gusta venir inadvertidamente,
Pero el corazón puro desde lejos Te sentirá, Señor.

Te espero, Señor, entre la quietud y el silencio,
Con gran añoranza en el corazón,
Con un deseo irresistible.
Siento que mi amor hacia ti se vuelve fuego
Y como una llama ascenderá al cielo al final de la vida
Y entonces se realizarán todos mis deseos.

Ven ya, mi dulcísimo Señor,
Y lleva mi corazón sediento
Allí, donde estás Tú, a las regiones excelsas del cielo,
Donde Tu vida dura eternamente.

La vida en la tierra es una agonía continua,
Mientras mi corazón siente que está creado para grandes alturas,
Y no lo atraen nada las llanuras de esta vida,
Porque mi patria es el cielo. Ésta es mi fe inquebrantable.

Santa Faustina Kowalska (1905-1938)
religiosa
Diario, § 1589

Meditación publicada en: https://evangeliodeldia.org

Publicado por: ACGdeMadrid - martes, diciembre 11, 2018

10 de diciembre de 2018

Lunes 2º de Adviento - «¿Quién puede perdonar pecados más que Dios?»






Lectura del santo evangelio según san Lucas 5,17-26

Un día estaba Jesús enseñando, y estaban sentados unos fariseos y maestros de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor lo impulsaba a curar. Llegaron unos hombres que traían en una camilla a un paralítico y trataban de introducirlo para colocarlo delante de él. No encontrando por donde introducirlo, a causa del gentío, subieron a la azotea y, separando las losetas, lo descolgaron con la camilla hasta el centro, delante de Jesús.
Él, viendo la fe que tenían, dijo: «Hombre, tus pecados están perdonados.»
Los escribas y los fariseos se pusieron a pensar: «¿Quién es éste que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados más que Dios?»
Pero Jesús, leyendo sus pensamientos, les replicó: «¿Qué pensáis en vuestro interior? ¿Qué es más fácil: decir "tus pecados quedan perdonados", o decir "levántate y anda"? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados... –dijo al paralítico–: A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa.»
Él, levantándose al punto, a la vista de ellos, tomó la camilla donde estaba tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios.
Todos quedaron asombrados, y daban gloria a Dios, diciendo llenos de temor: «Hoy hemos visto cosas admirables.»


Reflexión al evangelio de hoy

«¿Quién puede perdonar pecados más que Dios?»

¡Oh desdichado Adán! ¿Qué buscas que sea mejor que la presencia divina? Pero, hete aquí, ingrato, rumiando tu fechoría: «¡No; seré como Dios!» (cf Gn 3,5). ¡Qué orgullo tan intolerable! Acabas de ser hecho de arcilla y barro y, en tu insolencia, ¿quieres hacerte semejante a Dios ?... Es así como el orgullo ha engendrado la desobediencia, causa de nuestra desdicha...

¿Qué humildad podría compensar orgullo tan grande? ¿Es que hay  obediencia de hombre capaz de rescatar semejante falta? Cautivo ¿cómo puede liberar a un cautivo?; impuro ¿cómo puede liberar a un impuro? Dios mío ¿va a perecer vuestra criatura? « ¿Es que Dios se ha olvidado de su bondad, o la cólera cierra sus entrañas?» (Sl 76,10). ¡Oh no! « Mis pensamientos son de paz y no de aflicción » dice el Señor (Jr 29,11).

¡Apresúrate, pues, Señor; date prisa! Mira las lágrimas de los pobres; fíjate, «el gemido de los cautivos llega hasta ti» (Sl 78,11). Tiempo de dicha, día amable y deseado, cuando la voz del Padre exclama: «Por la opresión del humilde, por el gemido del pobre, yo me levantaré» (Sl 11,6)... Sí, «Ven a salvarnos, Señor, ven tú mismo, porque se acaban los buenos» (Sl 11,2).

San Elredo de Rieval (1110-1167)
Monje cisterciense
Sermón para Navidad

Meditación publicada en: https://evangeliodeldia.org

Publicado por: ACGdeMadrid - lunes, diciembre 10, 2018

8 de diciembre de 2018

Domingo 2º de Adviento - Preparad el camino del Señor… (Lc 3,4)


Lectura del santo evangelio según san Lucas 3, 1-6

En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la Palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del Profeta Isaías:
«Una voz grita en el desierto:
preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios.»


Reflexión al evangelio de hoy

Preparad el camino del Señor… (Lc 3,4).

El evangelista Lucas nos sitúa en unas coordenadas históricas concretas, en un tiempo y lugar determinados (imperio romano, procurador romano en Judea, poder religioso en Jerusalén, río Jordán, desierto de Judea). Nos quiere hacer pensar que Dios se ha hecho historia, su palabra se ha encarnado y se manifiesta en personas concretas: Juan, la voz que grita en el desierto.  La profecía de Isaías se concreta en la persona de Juan que invita a la conversión y al bautismo para el perdón de los pecados.

Fijémonos en las imágenes que utiliza la voz que clama en el desierto: senderos, valles, montes, colinas, caminos torcidos y escabrosos o ásperos. Resulta más fácil comprenderlo in situ: en el desierto de Judea y las regiones circunvecinas; es el típico paisaje del sur de Palestina. Los verbos son muy interesantes porque indican distintas acciones que desembocan en un mismo objetivo: preparar el camino, el terreno, el territorio por donde el Señor ha de pasar. Estos son: rellenar, rebajar, enderezar, nivelar o allanar. Nos recuerda a lo que decía el profeta Baruc: El Señor ha ordenado que se preparen los caminos…

Hoy esa misma voz sigue gritando… en el desierto… paradójicamente en un lugar que no habita la gente y donde nadie escucha. Simbólicamente el desierto da mucho que pensar. El desierto de nuestros días puede tener múltiples sentidos: ¿con cuál nos identificamos?

La voz de Juan el bautista nos invita a la conversión, una conversión que implica enderezar nuestros caminos, nuestras vidas; rebajar los montes y colinas de nuestro orgullo, vanidad, de lo superfluo, de discriminación, de desprecio, de intolerancia y prejuicios de todo tipo, etc. Una conversión que nos invita a rellenar los valles de nuestros vacíos existenciales, afectivos, de fe, de confianza y esperanza. Una conversión que invita a allanar y nivelar todo aquello que es sinuoso o áspero en nuestras vidas, en nuestras comunidades, en nuestra iglesia y por qué no, en nuestra sociedad. ¡El Señor ya viene!

Estamos invitados a reflexionar sobre la invitación que nos hace Juan el Bautista hoy: ¿en verdad somos personas con esperanza y con una fe que nos capacita para cambiar el mundo? ¿somos buena noticia para las personas que viven en situaciones de exilio, tristeza, dolor, sufrimiento, marginación, etc.? ¿Hacemos algo para que el amor entre nosotros crezca cada día? ¿Creemos realmente que el Señor viene a nuestras vidas y que necesitamos prepararnos?

Este domingo destila esperanza y alegría, nos invita a ser gente que da lo mejor de sí para hacer realidad la justicia y misericordia de Dios porque creemos inquebrantablemente que todo el mundo verá la salvación de Dios. ¡Cantemos con el salmista que nuestro Dios ha estado grande con nosotros y estamos alegres!

Fr. Edgar Amado D. Toledo  Ledezma, OP)
Meditación publicada en: https://www.dominicos.org

Publicado por: ACGdeMadrid - sábado, diciembre 08, 2018

Sábado 1º de Adviento - Festividad de la Inmaculada Concepción


Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,26-38

El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?». El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible». María contestó: «Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra».Y la dejó el ángel.


Reflexión al evangelio de hoy

María, “llena de gracia” en su Inmaculada Concepción.

“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. ¿Puede haber algo más grande que este gozo, oh Virgen Madre? ¿Puede haber algo por encima de esta gracia que solo tú tienes recibida de parte de Dios? ¿Se puede concebir algo más gozoso y más luminoso? Todo queda lejos detrás de tus maravillas; todo se encuentra por debajo de tu gracia. Los privilegios más ciertos no ocupan más que el segundo lugar y no poseen sino un resplandor más pequeño.

    “El Señor está contigo”. ¿Quién se atrevería a rivalizar contigo sobre este punto? Dios nace de ti. ¿Quién no te cederá, pues, gozosamente y de inmediato el primer lugar y la excelencia del mismo? Por eso cuando te contemplo situada por encima de todas las criaturas, proclamo altamente tus alabanzas: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. El gozo que emana de ti no solamente se concede a los hombres sino a todas las potestades angélicas del cielo…

    Dios mismo habita corporalmente en tu seno; y sale de él como el Esposo (Sl 18,6) para llevar a todos los hombres el gozo y la luz divinas. Es en ti, oh Virgen, que Dios, como en un cielo purísimo y luminoso “ha puesto su morada” (cf Sl 75,3). De ti “sale como el esposo de su alcoba”, imitando la carrera de un gigante, “a recorrer su camino”, el de su vida, que llevará la salvación a todos los vivientes. Extendiéndose “por un extremo del cielo… llega al otro extremo” como el sol (Sl 18, 6-6), y llenará todas las cosas con su calor divino y su luz vivificante.

San Sofronio de Jerusalén (¿-639)
monje, obispo
Homilía para la Anunciación, 2: PG 87, 3, 3241)

Meditación publicada en: https://evangeliodeldia.org

Publicado por: ACGdeMadrid - sábado, diciembre 08, 2018

7 de diciembre de 2018

Viernes 1º de Adviento - «Jesús les dice: ‘¿Creéis que puedo hacer eso?’. Dícenle: ‘Sí, Señor’»


Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 27-31

Cuando Jesús se iba de allí, al pasar le siguieron dos ciegos gritando: «¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!». Y al llegar a casa, se le acercaron los ciegos, y Jesús les dice: «¿Creéis que puedo hacer eso?». Dícenle: «Sí, Señor». Entonces les tocó los ojos diciendo: «Hágase en vosotros según vuestra fe». Y se abrieron sus ojos. Jesús les ordenó severamente: «¡Mirad que nadie lo sepa!». Pero ellos, en cuanto salieron, divulgaron su fama por toda aquella comarca.


Reflexión al evangelio de hoy


«Jesús les dice: ‘¿Creéis que puedo hacer eso?’. Dícenle: ‘Sí, Señor’»

Hoy, en este primer viernes de Adviento, el Evangelio nos presenta tres personajes: Jesús en el centro de la escena, y dos ciegos que se le acercan llenos de fe y con el corazón esperanzado. Habían oído hablar de Él, de su ternura para con los enfermos y de su poder. Estos trazos le identificaban como el Mesías. ¿Quién mejor que Él podría hacerse cargo de su desgracia?

Los dos ciegos hacen piña y, en comunidad, se dirigen ambos hacia Jesús. Al unísono realizan una plegaria de petición al Enviado de Dios, al Mesías, a quien nombran con el título de “Hijo de David”. Quieren, con su plegaria, provocar la compasión de Jesús: «¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!» (Mt 9,27).

Jesús interpela su fe: «¿Creéis que puedo hacer eso?» (Mt 9,28). Si ellos se han acercado al Enviado de Dios es precisamente porque creen en Él. A una sola voz hacen una bella profesión de fe, respondiendo: «Sí, Señor» (Ibidem). Y Jesús concede la vista a aquellos que ya veían por la fe. En efecto, creer es ver con los ojos de nuestro interior.

Este tiempo de Adviento es el adecuado, también para nosotros, para buscar a Jesús con un gran deseo, como los dos ciegos, haciendo comunidad, haciendo Iglesia. Con la Iglesia proclamamos en el Espíritu Santo: «Ven, Señor Jesús» (cf. Ap 22,17-20). Jesús viene con su poder de abrir completamente los ojos de nuestro corazón, y hacer que veamos, que creamos. El Adviento es un tiempo fuerte de oración: tiempo para hacer plegaria de petición, y sobre todo, oración de profesión de fe. Tiempo de ver y de creer.

Recordemos las palabras del Principito: «Lo esencial sólo se ve con el corazón».

Comentario de Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM (Barcelona, España)
Meditación publicada en: http://webcatolicodejavier.org

Publicado por: ACGdeMadrid - viernes, diciembre 07, 2018

6 de diciembre de 2018

Jueves1º de Adviento - Abrid las puertas para que entre un pueblo justo


Lectura del santo evangelio según san Mateo 7,21.24-27

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.».


Reflexión al evangelio de hoy

Abrid las puertas para que entre un pueblo justo

Hoy es fiesta civil en España y no religiosa, de momento no han elevado a los altares a la Constitución. Así que un día tranquilo para los sacerdotes (excepto los que tengan de patrón a San Nicolás) y un lío para ver qué hacen los padres con sus hijos. Al lado de la parroquia han puesto una feria de Navidad. No es exactamente el Top-Ten de las ferias, son unos pocos puestos y bastante cutrecillos, especialmente pensados para los niños. Si subes a tu hijo a hombros ya está más alto que la noria, no es de las que de vértigo. Pero como tampoco hay muchas atracciones para niños en este barrio, ves a todas horas padres que hacen que se emocionan con la noria, y el tiovivo y que hacen descubrir un mundo nuevo a sus hijos. Y no se cortan por lo que piensen los demás, por atender a sus hijos no hay motivo de vergüenza o de humillación.

«Tenemos una ciudad fuerte, ha puesto para salvarla murallas y baluartes: (…) Doblegó a los habitantes de la altura, a la ciudad elevada; la abatirá, la abatirá hasta el suelo, hasta tocar el polvo. La pisarán los pies, los pies del oprimido, los pasos de los pobres». El cielo nuevo y la tierra nueva están muy bien guardados. Sólo se abrirán las puertas para que entre un pueblo justo, que observa la lealtad. No es un “¡Pasen y vean!,” sus puertas están muy bien guardadas.

A veces observo, y tristemente entre algunos que pertenecen a la Iglesia, un miedo terrible a quedar mal. Viven obsesionados por lo que diga la gente, la prensa, los confidenciales, un comentario en una página web. No se dan cuenta que el pastor, como el padre, no tiene miedo a que le vean en una feria por entretener a su hijo. Hace lo que tenga que hacer, aunque el mundo le juzgue de mamarracho o de perder el tiempo. Y piensa primero en los más pobres e indefensos. No vale decir: “Señor, Señor”, si luego no se está dispuesto a hacer como Dios, que se hace criatura, que se hace niño y balbucea.

Quien quiera construir la Iglesia sobre el aplauso de sus coetáneos se vendrá abajo cada vez que la lluvia de la crítica, los ríos de la murmuración y los vientos de la difamación vengan sobre ella… ¡y vendrán!, vinieron sobre Jesucristo.

Quien construya sobre la Palabra de Dios no tendrá miedo a todas esas cosas, pues el pesebre se ha convertido en un trono, lo despreciable en algo de valor inapreciable. No tendrá vergüenza de estar con sus hijos, de perder el tiempo con los más pequeños, a pesar de las presiones de los poderosos o las burlas del mundo. Subirán a sus hijos a la noria para que toquen el cielo, los montarán en los caballitos de la noria para que les parezca galopar por encima de los males de este mundo y se llenarán la cara de algodón de azúcar para arrancar a sus hijos una sonrisa cuando tengan miedo. Y harán la locura de enseñarles a rezar con confianza en un Dios que siempre nos escucha. Y de arrodillarse ante el Sagrario para que descubran a alguien que es más Padre que su padre y a confiar siempre en el Señor, que a pesar de las amenazas del mundo, es la Roca perpetua.

Sólo un pueblo justo, que observa la lealtad, entrará por las puertas de la ciudad fuerte. Los que vendan su lealtad al aplauso, al dinero, al prestigio…, se quedarán fuera.

Construir, construir bien vuestra casa. Construyamos bien la Iglesia. Asentémonos sobre la roca que es Cristo, todo lo demás…, pasará.

Nuestra madre la Virgen María hace la voluntad del Padre, que ella te acompañe en tus decisiones, aunque el mundo se ría de ellas..


Meditación publicada en: https://oracionyliturgia.archimadrid.org/2018/12/06/abrid-las-puertas-para-que-entre-un-pueblo-justo/

Publicado por: ACGdeMadrid - jueves, diciembre 06, 2018

5 de diciembre de 2018

Miércoles 1º de Adviento - Comieron has saciarse.


Lectura del santo evangelio según san Mateo 15,29-37

En aquel tiempo, Jesús, bordeando el lago de Galilea, subió al monte y se sentó en él. Acudió a él mucha gente llevando tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros; los echaban a sus pies, y él los curaba. La gente se admiraba al ver hablar a los mudos, sanos a los lisiados, andar a los tullidos y con vista a los ciegos, y dieron gloria al Dios de Israel.
Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Me da lástima de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que se desmayen en el camino.»
Los discípulos le preguntaron: «¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?»
Jesús les preguntó: «¿Cuántos panes tenéis?»
Ellos contestaron: «Siete y unos pocos peces.»
Él mandó que la gente se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces, dijo la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la gente. Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete cestas llenas.


Reflexión al evangelio de hoy

Hasta saciarse

El hambre y la enfermedad son dos de los azotes que afligen a la humanidad desde sus orígenes. Pese al progreso social y científico, la humanidad no consigue librarse de ellos. El horizonte sombrío y final de esos males, al parecer incurables, es la muerte. Por eso es fácil entender que la abundancia de alimentos y la salud se hayan convertido no sólo en cifras y parámetros de una vida plena, sino también en símbolos de la salvación definitiva a la que aspira el corazón humano, símbolos recurrentes en los oráculos proféticos, como el del hermosísimo texto de Isaías que acabamos de proclamar.

Tal vez, si además de los adelantos científicos y las necesarias reformas sociales, creciera en el corazón humano la capacidad de compadecer, sería posible remediar mucho más y mejor estos males, al menos en el ámbito propio de nuestra responsabilidad en nuestra existencia terrena.

Jesús, presente por su encarnación en la realidad de nuestro mundo, nos enseña precisamente esta verdad tan pedestre pero tan necesaria y humana, como es la compasión. Los evangelios lo repiten: Jesús siente lástima de las gentes y responde a sus necesidades, también a las más inmediatas del dolor, la enfermedad y el hambre. Sus acciones, movidas por la compasión, y que cumplen las antiguas promesas, además de remediar esos males, tienen un sentido directamente salvífico. Curando, aliviando, alimentando, “hasta saciarse” Jesús anuncia que el Reino de Dios ya se ha hecho presente, que lo que anunciaron los profetas es ya una realidad tangible. Pero no se trata de una realización mágica, como caída del cielo, que todo lo cambia sin que nosotros tengamos ni arte ni parte. Al contrario: Jesús nos enseña que para poder remediar esas necesidades y hacer así presente el Reino de Dios tenemos que asumir esas mismas actitudes suyas, que consisten en sentir con los que padecen, esto es, salir de la indiferencia, de la cerrazón en los propios problemas (bastante tenemos con ellos, solemos decir, para desentendernos de los ajenos), y adoptar la actitud de la compasión. Además, Jesús nos implica en sus acciones: pregunta a los discípulos, requiere que pongan a su disposición lo que tienen, por poco que sea, que se hagan servidores de la multitud.

El Reino de Dios, la salvación que ya está operando en la historia, es un don de gracia, pero también una llamada a la responsabilidad, a cambiar de actitudes, a ponerse en movimiento para responder a las necesidades de los que sufren. Así nos lo enseña Jesús, y así nos los enseñan tantos de sus seguidores que a lo largo de la historia han acogido y puesto en práctica esa enseñanza. Así podemos y debemos hacer también nosotros, para que también por nuestro medio, como cooperadores de Cristo y servidores de nuestros hermanos, se haga visible hoy el cumplimiento de la antiguas promesas.

José M. Vegas CMF

Meditación publicada en: https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/comentario-homilia/?f=2018-12-05

Publicado por: ACGdeMadrid - miércoles, diciembre 05, 2018

4 de diciembre de 2018

Martes 1º de Adviento - ¡Dichosos los ojos que ven lo que veis!


Lectura del santo evangelio según san Lucas 10, 21-24

En aquel tiempo, lleno de la alegría del Espíritu Santo, exclamó Jesús:
- "Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla.
Sí, Padre, porque así te ha parecido bien.
Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar." Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: "¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron"


Reflexión al evangelio de hoy

«¡Dichosos los ojos que ven lo que veis!»


Hoy y siempre, los cristianos estamos invitados a participar de la alegría de Jesús. Él, lleno del Espíritu Santo, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes» (Lc 10,21). Con mucha razón, este fragmento del Evangelio ha sido llamado por algunos autores como el “Magníficat de Jesús”, ya que la idea subyacente es la misma que recorre el Canto de María (cf. Lc 1,46-55).

La alegría es una actitud que acompaña a la esperanza. Difícilmente una persona que nada espere podrá estar alegre. Y, ¿qué es lo que esperamos los cristianos? La llegada del Mesías y de su Reino, en el cual florecerá la justicia y la paz; una nueva realidad en la cual «el lobo y el cordero convivirán, y el leopardo se echará con el cabrito, el novillo y el cachorro pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá» (Is 11,6). El Reino de Dios que esperamos se abre camino día a día, y hemos de saber descubrir su presencia en medio de nosotros. Para el mundo en el que vivimos, tan falto como está de paz y de concordia, de justicia y de amor, ¡cuán necesaria es la esperanza de los cristianos! Una esperanza que no nace de un optimismo natural o de una falsa ilusión, sino que viene de Dios mismo.

Sin embargo, la esperanza cristiana, que es luz y calor para el mundo, sólo podrá tenerla aquel que sea sencillo y humilde de corazón, porque Dios ha escondido a los sabios e inteligentes —es decir, a aquellos que se ensoberbecen en su ciencia— el conocimiento y el gozo del misterio de amor de su Reino.

Una buena manera de preparar los caminos del Señor en este Adviento será precisamente cultivar la humildad y la sencillez para abrirnos al don de Dios, para vivir con esperanza y llegar a ser cada día mejores testimonios del Reino de Jesucristo.

Rev. D. Joaquim MESEGUER García
(Sant Quirze del Vallès, Barcelona, España) 

Publicado por: ACGdeMadrid - martes, diciembre 04, 2018

3 de diciembre de 2018

Lunes 1º de Adviento - 'Voy yo a curarlo'


Lectura del santo evangelio según san Mateo 8,5-11

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho.»
Jesús le contestó: «Voy yo a curarlo.»


Pero el centurión le replicó: «Señor, no soy quien para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y m¡ criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: "Ve", y va; al otro: "Ven", y viene; a mi criado: "Haz esto", y lo hace.»
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos.»


Reflexión del Evangelio de hoy

Caminemos a la luz del Señor

Es un precioso canto que traza el sueño profético de una paz universal que surge de la experiencia de Dios, e inspirándose en las peregrinaciones que el pueblo hacía a Jerusalén, nos habla de muchos pueblos encaminados al templo del Señor, la morada de Yahvé. ¿Quién tiene tanto poder de convocatoria, de atracción? La Palabra de Dios que nace de Jerusalén. Y este mismo Dios es el gran maestro y juez de la historia de los hombres; ante Dios se superan todas las banderías, nacionalismos y visiones ideológicas de la vida. Aceptar a Dios, sus mandatos y caminos, y tratar de vivir en consecuencia tiene como fruto granado la paz, que, por definición, es tiempo de salvación. Por tanto, ponerse a caminar a la luz del Señor es lo mismo que apostar por la construcción pacífica de la historia humana. Y caminar no tanto para llevar ofrendas al templo o satisfacer alguna promesa, sino para recibir la luz de Dios, para recibir su orientación en el camino de la vida. Del templo de Yahvé dimana la paz y reconciliación entre todos los pueblos, expresada con trazos poéticos al tornarse las espadas arados y de las lanzas podaderas.

Basta que lo digas de palabra

El texto nos traslada el encuentro de Jesús con un pagano; éste es un centurión que se acerca a Jesús con respeto y sobrado de confianza, o al menos así lo indican sus gestos. Relato, por otra parte, de inmensa ayuda para la fe de la comunidad. El centurión recaba la acción de Jesús para su criado enfermo, hace gala de confianza en el Maestro y hasta tiene el detalle de evitarle ir para eludir la contaminación en la que incurría un judío al entrar en casa de un pagano. La total confianza del centurión en el poder sanador de Jesús tiene la respuesta esperada, pero no solo la curación de su criado, sino la ponderación de Jesús que aprovecha esta ocasión para subrayar la fe del pagano y decir así que éstos entran en la comunidad de los discípulos. Y éste es el mejor recurso de nuestro pueblo de Dios: la fe activa en Jesús Salvador y en su fuerza redentora. De este modo la comunidad sí tendrá vida y abundará en mensajes de esperanza tan necesarios en el seguimiento del Maestro, consolidándose así nuestra condición de testigos del Reino de Dios.

Francisco Javier, navarro y misionero de raza, excelente testigo en el camino de la esperanza que apenas hemos reiniciado: porque la Palabra crea vida.

Hay que tener confianza en Dios
porque Él tuvo confianza en nosotros.
Hay que poner nuestra confianza en Dios
puesto que Él la ha puesto en nosotros.
(Charles Peguy)

Fr. Jesús Duque O.P.
Convento de Santo Domingo de Scala-Coeli (Córdoba)



Publicado por: ACGdeMadrid - lunes, diciembre 03, 2018

2 de diciembre de 2018

URGE LA ESPERANZA - Cardenal Carlos Osoro



Este domingo comenzamos el Adviento, un tiempo para vivir, acrecentar y contagiar esperanza. Estemos atentos a lo que nos pide el Señor en la Palabra que la Iglesia nos regala en esta época: asumimos el compromiso de prepararnos para llevar a esta historia la novedad de Jesucristo y así construir una sociedad más humana. Qué bien lo expresa san Pablo: «El amor de Cristo nos apremia» (2 Co 5,14); «¡Ay de mí si no anunciara el Evangelio» (2 Co 9, 16).

¿No sentís la urgencia de generar la Esperanza en este tiempo que vivimos? Y hablo de la Esperanza porque, aunque otras esperanzas son necesarias, si falta quien es portador de verdadera esperanza, que no es otro más que Jesucristo, terminaremos siempre mirándonos a nosotros mismos. Activemos a quien es presencia y germen de renovación de todo. ¡Qué bien lo entendieron aquellos pastores que recibieron la noticia de la presencia de Dios en la tierra! Cuando el ángel los envolvió con su luz y les dijo: «Os traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo», marcharon a Belén. Después de ver al Señor, «volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído» (cf. 2, 8-20).

Después de estar en Belén contemplando a quien es la Esperanza, marcharon con la alegría recibida de Dios, que contagia y nos sumerge en la historia de los hombres. No seamos meros espectadores de un mundo que se deshumaniza, sino valientes trabajadores, lanzados a dar a conocer a quien va a activar su presencia renovadora dando la vida por todos los hombres, con su Muerte y Resurrección. No consintamos que nada ni nadie nos robe la alegría que brota de la esperanza de la Resurrección. El ser humano tiene necesidad de la esperanza que se encarna en realidades concretas porque, entre otras cosas, mueve a cambiar la realidad. Hay una necesidad única e imperiosa de esperanza en el corazón del ser humano y en la humanidad. Porque, como nos dice el Papa Francisco, «llegamos a ser plenamente humanos, cuando permitimos a Dios que nos lleve más allá de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser más verdadero. […] Si alguien ha acogido ese amor que le devuelve el sentido de la vida, ¿cómo puede contener el deseo de comunicarlo?» (EG 8). Mostrar, regalar, hacer presente la esperanza, urge a quien se ha encontrado con Jesucristo, verdadero rostro dador y comunicador de esperanza.

Para prepararnos a recibir a Jesucristo, la Iglesia quiere que vivamos en el asombro de descubrir que Él es el «Evangelio eterno» (Ap 14, 6), que su riqueza, su belleza y el horizonte que nos da son inagotables. Puede renovar nuestra vida con la esperanza que nos ofrece, aunque estemos atravesando oscuridades e incluso viviendo en múltiples debilidades. Os ofrezco tres propuestas para no envejecer y mantenernos en esperanza:

1. ¡Atrévete a centrarte en Cristo! Sí, Él es la Esperanza, céntrate en su persona (Lc 21, 25-28. 34-36). El triunfo es de Dios. A pesar de las señales que puedas ver que llenan de angustia, perplejidad y terror a los hombres, el triunfo es de Dios y la llegada de Jesucristo, que vuelve en gloria y majestad, ha de llenar nuestra vida de alegría y de esperanza, pues Él es quien trae la verdadera liberación. En el oscuro escenario que aparece en la vida del ser humano, en el fondo del mismo, resalta el resplandor de Jesucristo. Por muchas oscuridades y nubes que aparezcan, Jesucristo nos hace levantar la cabeza; todos los ámbitos de la vida serán liberados por Él: el pecado, cualquier mal, la persecución que puedan sufrir los creyentes… Eso sí, hemos de estar vigilantes y despiertos: ni embotarnos, ni adormecernos y caer en la pesadez espiritual. Para centrarte en Cristo, que te mantiene en la esperanza, vive despierto para ver bien, siempre con la luz que te trae el Señor, y vive en oración, es decir, en diálogo constante con Él.

2. No camines de cualquier modo. Eres miembro del Pueblo de Dios, todos los hombres son tus hermanos. Los que creen como tú, también saben que tú eres su hermano, pero hay muchos otros que no lo saben, pues ni conocen a Dios, ni conocen qué y quién es el hombre. Tú sabes bien que Dios es Padre y, por ello, todos somos hijos de Dios y hermanos los unos de los otros. No puedes caminar del cualquier modo; san Lucas nos lo recuerda a través de la figura de Juan Bautista (cf. Lc 3. 1-6 y Lc 3, 10-18). Dios llama a Juan a un ministerio profético: a orillas del Jordán, proclama un bautismo de conversión. Lo importante es la llamada que hace a reorientar la vida de todo ser humano, a abandonar todo pecado y volver a Dios: «Y todos verán la salvación de Dios» (Lc 3, 6). Hoy como ayer, ante la necesidad de no poder hacer el camino de cualquier modo, la gente sigue preguntándose qué debe hacer. No se trata de realizar cambios revolucionarios, sino que se nos invita a compartir con el que no tiene, a cumplir con nuestras responsabilidades, a ser honestos, a no ser corruptos, a no ser exigentes con los demás mientras nos consentimos todo a nosotros mismos… Ser profetas de esperanza en este mundo con nuestra propia vida, desde lo que pensamos y hacemos, desde los compromisos que asumimos.

3. Entrega a esta humanidad dos regalos: la fraternidad y la diversidad. Estamos llamados a estar en todos los escenarios y caminos por los que transitan los hombres, pero no de cualquier manera. Nuestra salida tiene que ser una salida misionera, la que tuvo la Virgen María después de saber que había sido elegida para ser Madre de Dios, para acercar, dar rostro y hacer visible la Esperanza que es Jesucristo (cf. Lc 1, 39-45). El Señor ha tomado la iniciativa de salir a todos los caminos y escenarios de los hombres y hacer llegar la alegría del Evangelio. Y lo hace cuando está aún en el vientre de su Madre, impulsando a María a ponerse en camino y haciendo percibir la Esperanza, la presencia de Dios, a un niño que aún no había nacido, Juan Bautista, que estaba en el vientre de Isabel, y a esta cuando le impulsa a decir: «Dichosa tú que has creído que lo que te ha dicho el Señor se cumplirá». Se trata de salir al encuentro de los hombres sin miedo, buscar a los lejanos, invitar a los excluidos y brindar misericordia. Se trata de involucrarnos, sirviendo siempre, acompañando en todas las situaciones, atentos a los frutos; el Señor nos quiere fecundos en el camino, jugándonos la vida por los demás, celebrando y festejando la Esperanza que nos hace vivir y construir la fraternidad entre todos, en la diversidad de culturas, costumbres e ideas (cf. EG 24).

Qué bueno es ver cómo la Esperanza debe encarnarse en el principio que nos propone el Papa Francisco: «La realidad es más importante que la idea»; lo cual significa que, para que se encarne la Esperanza, hemos de vivir en un diálogo con toda la realidad en su inmensa complejidad y ello realizado en ese discernimiento que busca siempre caminos de humanización, del humanismo verdad que nos ofrece Jesucristo.

Con gran afecto, os bendice,

+Carlos Card. Osoro, arzobispo de Madrid 
Publicado por: ACGdeMadrid - domingo, diciembre 02, 2018

27 de septiembre de 2018

28 de septiembre - Fiesta del Beato Francisco Castelló

Francisco nació en Alicante el 19 de abril de 1914. Pero de familia leridana. De hecho a madre con los tres hijos, una vez se quedó viuda, volvió a aquella ciudad. Estudiante aventajado del Instituto Químico de Barcelona, se traslada a la universidad de Oviedo para conseguir el título de licenciado en ciencias químicas. En Lérida consigue fácilmente trabajo en un complejo químico. Todo este tiempo lo aprovechó para asumir responsabilidades apostólicas y actividades caritativas. Tanto en Barcelona como en Oviedo, y después en Lérida trabajó incansablemente por acercar a los jóvenes al Señor y por ayudar a niños de barrios marginados en sus estudios más elementales. Primero con los padres Jesuitas, pero luego incorporándose a un grupo de Jóvenes de Acción Católica, manifiesta un gran deseo de vivir cerca de Dios y de servir a los más abandonados. En Lérida comenzó a salir con María Pelegrí, Mariona según su forma de llamarla.

El comienzo de la Guerra Civil le encuentra realizando el Servicio Militar. Tenía 22 años, fue apresado la noche del 21 al 22 de julio. Ante un Tribunal Popular confesó: "Lo referente al delito de ser católico, soy muy a gusto delincuente, y si mil vidas tuviera que dárselas a Dios, mil vidas le daría; así que no hace falta que me defienda".

No murió por cuestiones políticas, por ideología alguna, por defender un sistema. La única razón para morir fue su fe. Su profunda fe en Cristo y su amor a la Iglesia. Tras conocer el veredicto de su muerte, tuvo la oportunidad de escribir tres cartas. Una a su director espiritual, el P. Román Galán, S.J. quien fue compañero suyo de estudios en Barcelona.: "Estoy tranquilo y contento. Muy contento. Espero estar en la Gloria dentro de poco rato. Renuncio a los lazos y placeres que puede darme el mundo y el cariño de los míos. Doy gracias a Dios porque me da una muerte con muchas posibilidades de salvarme". La segunda a su tía, con la que vivían los tres hermanos desde que se quedaron huérfanos, y a sus hermanas: "La providencia de Dios ha querido escogerme a mí para víctima de los errores y pecados cometidos por nosotros. Yo voy con gusto y tranquilidad a la muerte. Nunca como ahora tengo tantas posibilidades de salvación. Ya terminó mi misión en esta vida. Ofrezco a Dios los sufrimientos de esta hora. No quiero que lloréis. Es lo único que os pido. Estoy muy contento". Y la última y más emocionante a Mariona, su novia: "No puedo sentir pena alguna por mi suerte. Una alegría extraña, interna, intensa, fuerte, me invade. Quisiera hacerte una carta triste de despedida pero no puedo. Estoy todo envuelto en ideas alegres, como de un presentimiento de la gloria".

Murió a las pocas horas. A los verdugos les dijo, justo entonces: "¡Por favor, un momento! Os perdono a todos, y hasta la eternidad".

Pío XI, al leerlas, comentó: "No. No puedo desprenderme de ellas. Las cartas de este hijo debe guardarlas el Padre" y completó: "Será este joven uno de los primeros mártires de España y el modelo de los jóvenes de Acción Católica del mundo. Así saben morir nuestros hijos de la noble España".
Publicado por: Acción Católica General de Madrid - jueves, septiembre 27, 2018

9 de agosto de 2018

Aborto: Ahora, más que nunca, guerreros de la vida


El 8 de agosto de 2018 el senado argentino ha votado en contra de la ley del aborto. Ha sido una dura lucha que ha partido en dos la sociedad civil argentina. Pañuelos azules y verdes se han enfrentado en las calles.

A continuación reproducimos un artículo de Christian Viña, Sacerdote de la archidiócesis de La Plata, Argentina publicado en Infocatolica.

María, una muy pobre feligresa de una de mis parroquias, cuando el gobierno promovió la legalización del aborto, me pidió entre lágrimas que jamás dejase de defender a los más frágiles; y que no permitiese que se utilizara a las mujeres pobres para promover el crimen abominable de los niños por nacer. «María y Madre comienzan del mismo modo –le contesté-. Quedate tranquila, hija, yo soy sacerdote del Hijo que María tuvo la felicidad y la valentía de tener. Y que me manda a ser soldado de la Vida en abundancia (Jn 10, 10). Solo para Él trabajo; y mi única candidatura es al Cielo».

El llamado debate –nunca más impropia esta palabra, pues la vida no se discute, se defiende- sobre el aborto en Argentina ha dejado bien en claro que ahora, más que nunca, debemos ser guerreros de la vida; que el propio Cristo nos regaló con su muerte y resurrección. Los resultados de la votación en el Senado –donde el líder de los abortistas llegó a confundir a David con Moisés-, entonces, hay que tomarlos como circunstanciales. La aritmética legislativa –bien lo sabemos- con excesiva frecuencia no respeta las más básicas normas morales. Por eso, para ella, lo que ahora es bueno puede ser malo en cualquier momento; y lo que ahora es malo puede ser bueno en la próxima renovación legislativa. Especialmente si el verde del dólar hace sentir su peso; como quedó recientemente demostrado.

¿Debemos festejar, entonces, que el Senado rechazó la ley del aborto? Ciertamente que sí, y con auténtico entusiasmo. Pero, al mismo tiempo, no debemos dormirnos en los laureles que, claro está, no supimos conseguir. Pues, por encima de cualquier triunfalismo, hay que pedirle al Señor: no nos glorifiques a nosotros, glorifica solamente a tu Nombre (Sal 115, 1).

Pasado este combate debemos comprender que la batalla continúa. Porque estamos, ni más ni menos que ante la batalla final (Ap 20, 7 – 10); que, como queda visto, tendrá como uno de sus principales blancos al matrimonio y a la familia.

Debemos preguntarnos, también, qué hemos hecho para llegar a esta situación. ¿No habrá llegado el momento de una auténtica revolución moral, que cambie las estructuras institucionales, y que coloque en el gobierno a los auténticamente virtuosos, que sepan defender en serio la vida y la familia; y, en consecuencia a la Patria?

Queda en claro, de cualquier modo, que después de este 8 de agosto de 2018 ya nada será igual. Los sacerdotes hemos visto, llenos de gozo, el despertar del gigante dormido de los laicos que, guiado por no pocos de nosotros, sus padres, demostró su mayoría de edad; y su firme voluntad de jugarse por Aquel que hace nuevas todas las cosas (Ap 21, 5). Hemos visto, también, que podemos argumentar en defensa del niño por nacer con razones científicas, jurídicas, geopolíticas, sociológicas, y psicológicas; y demostrar que el fundamento teológico asume a todas ellas y les da su absoluta plenitud. Y que Dios no niega absolutamente ninguna libertad auténtica, sino que es el último garante de la verdadera libertad.





Ha quedado en claro, asimismo, que el ataque exterior sufrido por Argentina por las multinacionales del aborto, y los mandamases financieros del Nuevo Orden Mundial, acentuó notablemente la así llamada grieta que nos divide como país. Que, por supuesto, es muy lamentable. Pero mucho más penosos son la masacre de los niños por nacer; y el abismo definitivo, infinitamente más profundo que esta grieta, que separa al Cielo del infierno (Lc 16, 26).

Ha quedado en claro, igualmente, que nos espera una enorme labor para educar a nuestros niños y jóvenes, particularmente, en una nueva cultura de la Vida, en la que ningún hijo de Dios sea visto como descartable. Y que todos los argentinos tomemos definitivamente conciencia de nuestra dignidad; que no está en liquidación ni secuestrada por los poderes del dinero, al servicio del exterminio de los pobres, y no de la pobreza.

Claro que sí, la ola celeste llegó para quedarse. Hoy ha tomado carta de definitiva ciudadanía entre nosotros. Que ese celeste, que la Virgen María regaló a la Argentina, brille para siempre en nuestro suelo. Llegue, en esta hora, también, nuestro abrazo fraterno y emocionado a los cristianos de distintas comunidades eclesiales, a los creyentes de otras religiones y a los hombres de buena voluntad, que codo a codo comparten con nosotros la causa provida. Y nosotros, los católicos, con humildad y sin complejos, mayoría en Argentina, sintámonos honradamente abanderados de esta causa. Auténtica vanguardia de una mayoría que, gracias a Dios, dejó de ser silenciosa…

+ Padre Christian Viña

Cambaceres, 9 de agosto de 2018.

Memoria de Santa Teresa Benedicta de la Cruz.
Publicado por: ACGdeMadrid - jueves, agosto 09, 2018