9 de enero de 2019

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Sentido de Iglesia

NOTAS PARA EL RETIRO
 Enero 2019



Sentido de Iglesia


Uno de los elementos cruciales a la hora de poder seguir a Jesucristo en la vida es la relación que se establece con su cuerpo, con la Iglesia. Entender bien esa relación nos hará crecer ante cualquier circunstancia que nos suceda, mientras que una relación equivocada puede hacer mucho daño incluso en las horas más felices de seguimiento del Señor. Por eso, el sentido de Iglesia permite al creyente afrontar la vida como cristiano, y hacerlo con la certeza de estar fortaleciendo el vínculo con el Señor y con aquellos que Él ha elegido como hermanos suyos.

En la Acción Católica, este don es un carisma propio: es lógico que sea así, en una asociación en la que los laicos buscan, organizadamente, de la mano de sus pastores, vivir el Reino en medio del mundo. Lo es porque este sentido de Iglesia sitúa la prioridad del seguimiento no tanto en la individualidad de la persona, como en el Cuerpo al que uno pertenece. Desde aquellos primeros discípulos que, en el evangelio de Juan, como hemos escuchado estos días pasados en los evangelios de Navidad, le preguntan al Maestro dónde vive, podemos entender que la relación que le proponen él la lleva al ámbito de la convivencia, de su ser social, de un cristianismo vivido en comunión.

Esto es muy interesante porque, en la vida de la Iglesia, tenemos la tentación constante de, aun con buena voluntad, hacer girar las cosas alrededor de nosotros mismos… y no es así, en la Iglesia no hago porque primero yo lo decido, sino que hago primero porque he recibido una llamada a ello. En la vida de la Iglesia, la prioridad es eclesial, porque yo me entiendo desde esa relación. Los discípulos de Jesús pueden entrar en su casa y ver donde vive no porque ellos pregunten, sino porque Él les invita a ir y quedarse, que es lo mismo que decir que Dios se revela no porque el hombre lo haya encontrado, sino porque Él se ha acercado a nosotros. La prioridad es una llamada: por eso, yo no decido dar catequesis, llevar el coro, hacer las cuentas de la parroquia como algo mío, sino porque la Iglesia así me lo ha ofrecido. Igualmente, yo no soy quien decido cómo cree, cómo celebra, o cómo vive el cristiano su vida: es siempre Cristo el que ilumina y, como buen pastor, propone, por medio de la Iglesia, cómo hacer. Así, la importancia de vivir formado, de seguir aprendiendo, de trabajar el corazón como órgano que busca la comunión, se acrecienta en la medida en la que lo hace mi compromiso eclesial. El sentido de Iglesia me guía para ordenar mi fe, y para reconocerla cuando se plantea adecuadamente o cuando no.

¿Reconozco la prioridad de Dios en mi vida en la Iglesia, en mi participación concreta en la parroquia? ¿O creo que nace de mi corazón generoso? ¿Creo que mi actitud es una respuesta a una llamada de Dios o a un tiempo que me sobra, o no? ¿Veo la delicadeza y el interés de Dios, que me llama y sabe a qué, para cada día o para siempre?

Por eso, si tomamos Juan 1 como referencia, veremos que el Maestro, el Hijo de Dios, tiene su casa, y que en esa casa celeste que abandona para hacerse carne, es donde quiere invitarnos a vivir a nosotros, a partir de una comunión preciosa con Él aquí, en nuestra vida, en la Iglesia. Puede ser una bonita experiencia profundizar en el retiro con el hecho de haber sido invitados a vivir en la Iglesia, a formar parte de ella, de su ser y de su hacer, a vivir en la Iglesia no como una estancia sin más, sino como una estancia en la que compartir la vida y la llamada que hemos recibido, que un día alguien nos ofreció –o que tantas veces nos es ofrecida-, en la Iglesia.

De hecho, esta es la experiencia propia de lo que somos nosotros, los hijos de Dios. Entrar en la Iglesia es entrar en nuestra casa, vivir en ella es vivir en nuestro hábitat natural, en el lugar para el que estamos hechos, en el que nos podemos mover libremente pues, como dice el Padre al hijo mayor en la parábola del hijo pródigo, “todo lo mío es tuyo”. Al formar parte de la Iglesia, Dios pone a nuestro alcance todo lo suyo, hasta los más elevados bienes y los más deseados. Todo lo que hay en esta casa está a nuestra disposición: podemos dirigirnos al Padre, al Hijo, a la Madre, a los Santos… Dice Henri de Lubac para explicar este ser en la Iglesia que “podemos servirnos de la inteligencia de Santo Tomás de Aquino, del brazo de san Miguel, y del corazón de Juana de Arco y de Catalina de Siena… El heroísmo de los misioneros, la inspiración de los doctores, la generosidad de los mártires, el genio de los artistas, la oración inflamada de las clarisas y de las carmelitas, es como si fuésemos nosotros, ¡es nosotros!”.

¿Me siento en casa en la Iglesia? ¿En casa, no solamente por lo que se me ofrece, o por lo que se me cuida, sino también por cómo se me plantea crecer, avanzar, confiar…? ¿Advierto las comodidades, pero también las exigencias? ¿Vivo en esta casa, con la mirada puesta en la celeste?

Es cierto que en la vida de la Iglesia encontramos infinidad de antinomias, por las que no debemos pasar como si nada: tenemos que ver en qué nos fortalecen y en qué nos hacen dudar, cuales nos ayudan y cuales nos desaniman. Nos hablan de la santidad, pero no hacen más que saltar escándalos en la Iglesia, por no hablar de mis propios pecados; confesamos unidad, pero vamos cada uno a lo nuestro; tenemos que anunciar a los pobres, pero nos vence la tentación del éxito, la fama o el dinero; nos decimos peregrinos, pero no perdemos de vista comodidades que desearíamos en nuestro grupo o en nuestra parroquia. En ellas descubro, entonces, el sentido y el misterio de lo que es la Iglesia. En ellas descubro que el ser Iglesia no se acepta por mi iniciativa, ni por mi razón o mi cálculo, ni por mis grandes capacidades o aciertos, sino por aquel que la empezó, pues el fundamento de la Iglesia es también el fundamento de mi decisión, Jesucristo.

Así, puedo realizar el camino para pasar de las dudas a la fe, de la experiencia de separarme un poco, a la comunión; esta certeza hace decir a Pablo VI en Ecclesiam Suam: “Si logramos despertar en nosotros mismos y educar en los fieles, con profunda y vigilante pedagogía, este fortificante sentido de la Iglesia, muchas antinomias que hoy fatigan el pensamiento de los estudiosos de la eclesiología —cómo, por ejemplo, la Iglesia es visible y a la vez espiritual, cómo es libre y al mismo tiempo disciplinada, cómo es comunitaria y jerárquica, cómo siendo ya santa, siempre está en vías de santificación, cómo es contemplativa y activa, y así en otras cosas— serán prácticamente dominadas y resueltas en la experiencia, iluminada por la doctrina, por la realidad viviente de la Iglesia misma; pero, sobre todo, logrará ella un resultado, muy importante, el de una magnífica espiritualidad, alimentada por la piadosa lectura de la Sagrada Escritura, de los Santos Padres y Doctores de la Iglesia, y con cuanto contribuye a suscitar en ella esa conciencia. Nos referimos a la catequesis cuidadosa y sistemática, a la participación en la admirable escuela de palabras, de signos y de divinas efusiones que es la sagrada liturgia, a la meditación silenciosa y ardiente de las verdades divinas y, finalmente, a la entrega generosa a la oración contemplativa”.

¿Las experiencias de cada día en la Iglesia, me fortalecen en mi ser Iglesia, no a pesar de las cosas, sino como parte de mi propio ser? ¿Reconozco la necesidad de profundizar en la naturaleza propia de la Iglesia, por sus relaciones, para afianzar mi fe y mis razones para creer? ¿Reacciono serenamente a las dificultades en la Iglesia, o lo llevo a un nivel personal donde es más difícil creer?

Y es que, así llegamos a otro punto a meditar en este sentido de Iglesia: no podemos ser cristianos sin la Iglesia, pero entendiendo bien a esta. La Iglesia no es una casa de habitaciones individuales, donde yo tengo la mía y nadie me molesta o me afecta, donde yo hago sin más. El riesgo de primar lo individual desvirtúa el ser de la Iglesia, mientras que el sentido de Iglesia fortalece la colectividad, el ser parte de un cuerpo. La casa del Señor es la casa de todos, en la que necesito a todos, no en la que los otros me importunan: todos necesitamos estar aquí y nos necesitamos aquí.

El sentido de Iglesia se enfrenta a las tentaciones del individualismo o del emotivismo, en nuestro grupo, en nuestras actividades, en la liturgia. No estoy aquí porque sienta algo, porque haya vivido algo sólo para mí, o a pesar de otros. El Señor nos llama a un misterio de comunión. El sentido de Iglesia hace que yo, o mi grupo, o mi asociación, o mi centro, nunca vayan al margen de la parroquia, de la Iglesia, se aíslen o se planteen objetivos al margen del resto.

¿Vivo la celebración eclesial como puerta abierta a todos, o donde otros me estorban, mejor que no estén? ¿Pongo por encima lo que siento de lo que creo? ¿Me sé agarrar, ante esa tentación, a la objetividad de la fe y la enseñanza de la Iglesia, o me dejo llevar por la comodidad de lo sentimental o lo privado? ¿Qué valoro más: lo que me toca el corazón, o lo que la Iglesia me enseña y ofrece? ¿Me dejo guiar por ese sentido de Iglesia para guiar a otros, o lo aparco para ganar a otros a mi causa?.

Publicado por: ACGdeMadrid - miércoles, enero 09, 2019

25 de diciembre de 2018

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NAVIDAD 2018 - Les ha dado el poder llegar a ser hijos de Dios

Lectura del santo evangelio según san Juan 1. 1-18

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra habla vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, ,que alumbra a todo hombre. Al inundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Éste es de quien dije: “El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.”» Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.


Reflexión al evangelio de hoy

«Les ha dado el poder llegar a ser hijos de Dios»
    ¡Dios en la tierra! ¡Dios entre los hombres! Esta vez no promulga su Ley envuelto en rayos, al son de la trompeta, en un monte humeante, en la oscuridad de un viento terrorífico (Ex 19,16s), sino que, en un cuerpo humano conversa, de manera suave y pacífica, con sus hermanos de raza. ¡Dios en carne!... ¿Cómo puede la divinidad habitar en una carne?  De la misma que el fuego habita al hierro, no sacándolo del lugar en el que arde, sino comunicándosele. En efecto, el fuego no se echa encima del hierro, sino que ocupando el lugar de éste le comunica su poder. Haciendo esto no disminuye en absoluto sino que llena enteramente al hierro al cual se comunica. Igualmente, Dios, el Verbo, que «habitó entre nosotros», no salió de sí mismo. «El Verbo que se hizo carne» no fue sometido a ningún cambio; el cielo no quedó despojado de aquel que contenía y, sin embargo, la tierra acogió en su seno al que está en los cielos.

     Penétrate bien de este misterio: Dios habita en la carne a fin de matar la muerte que se esconde en ella... «Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres» (Tt 2,11), cuando «se levantó el sol de justicia» (Ml 3,20), «la muerte ha sido devorada en la victoria» (1C 15,54) porque no podía coexistir con la vida verdadera. ¡Oh profundidad de la bondad y del amor de Dios para con los hombres! Démosle gloria con los pastores, dancemos con los coros de los ángeles, porque «hoy nos ha nacido un Salvador que es el Mesías, el Señor» (Lc 2,11-12).

     «El Señor Dios nos ilumina» (Sl 117,27), no bajo la forma de Dios, para no asustar nuestra debilidad, sino bajo la forma de siervo, a fin de proporcionar la libertad a los que estaban condenados a la servidumbre. ¿Quién tendría el corazón tan adormecido y tan indiferente para no alegrarse, exultar de gozo, irradiar júbilo ante este acontecimiento? Es una fiesta común a toda la creación. Todos deben contribuir a ella, que nadie se muestre ingrato. También nosotros elevemos nuestras voces para cantar nuestro gozo!


San Basilio (c. 330-379)
monje y obispo de Cesárea en Capadocia, doctor de la Iglesia

Homilía sobre la santa generación de Cristo, 2.6; PG 31, 1459s

Meditación publicada en: https://evangeliodeldia.org

Publicado por: ACGdeMadrid - martes, diciembre 25, 2018

24 de diciembre de 2018

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NOCHEBUENA - Jesús nacido de María

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 1-14

En aquel tiempo, salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero.Éste fue el primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad. También José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaba allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada. En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. Y un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor. El ángel les dijo:
«No temáis, os traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.»
De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:
«Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. »


Reflexión al evangelio de hoy

«Jesús nacido de María»
Bajo el reino de Cesar Augusto, mientras el reposo silencioso de una paz universal calmaba los tiempos hasta entonces turbulentos, y permitía a ese príncipe promulgar la contabilización del universo entero, sucedió por los cuidados de la divina Providencia que José, esposo de la Virgen, condujo la joven mujer de raza Real, que iba a convertirse en madre, a la ciudad de Belén. Y es así que nueve meses después de su concepción, el “rey pacífico” (1Cro 22,9), reveló sin ninguna alteración de parte de su madre cómo había sido concebido sin que alguna parte fuese dejada a la voluptuosidad, avanzó fuera del seno virginal, como “el esposo saliendo de la alcoba nupcial” (Sal 18,6). Aunque poderoso y rico, por amor a nosotros escogió hacerse pequeño y pobre (2 Cor 8,9), nacer fuera de su casa en una hostelería, ser envuelto en pobres pañales, ser alimentado de leche virginal y ser acostado en un pesebre entre un buey y un burro. Es de este modo que se levantó para nosotros el día de la nueva redención, del reparo de los antiguos días y de la eterna felicidad: es entonces que para el mundo entero los cielos se hicieron dulces como la miel.

También, abraza, oh alma mía, este divino pesebre para que se apliquen mis labios a besar los pies del Niño. Y después repasa en tu espíritu la vigilia de los pastores, admira el ejercito de los Ángeles que vienen, participa en las melodías celestiales y canta con tu boca y con tu corazón: “Gloria a Dios en las alturas, y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”.


San Buenaventura (1221-1274)
franciscano, doctor de la Iglesia
El Árbol de la vida, ch I, §4 (Obras Espirituales, t. III, Sociedad. Francisco de Asís, 1932, pág.70-71)s

Meditación publicada en: https://evangeliodeldia.org

Publicado por: ACGdeMadrid - lunes, diciembre 24, 2018

23 de diciembre de 2018

Domingo 4º de Adviento - El Todopoderoso hizo en mí maravillas

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 39-45

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías, y saludó a Isabel.
En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo, y dijo a voz en grito:
–¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.
¡Dichosa tú, que has creído! porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.


Reflexión al evangelio de hoy

«El Todopoderoso hizo en mí maravillas»
Lo propio del Espíritu Santo, cuando entra en un corazón, es echar fuera toda tibieza. Ama la prontitud y detesta las tardanzas en la ejecución de la voluntad de Dios... “María se puso en camino y se fue de prisa”...

¡Qué gracia colmó la casa de Zacarías cuando entró María! Si Abrahán recibió tanta gracia por haber hospedado en su casa a tres ángeles de Dios, ¡cuántas bendiciones no caerían sobre la casa de Zacarías donde entró el ángel del gran consejo (Is 9,6), la verdadera arca de la alianza, el profeta de Dios, Nuestro Señor oculto en el seno de María! Toda la casa se llenó de alegría: el niño saltó, el padre recobró la vista, la madre fue llena de Espíritu Santo y recibió el don de la profecía. Al ver a Nuestra Señora entrar en su casa, exclamó: “... ¿Cómo es posible que la madre de mi Señor venga a visitarme?” Y María, escuchando lo que Isabel decía de ella, se humillaba y daba gloria a Dios por todo. Confesando que toda su felicidad procedía de que Dios “había mirada la humildad de su sierva” entonó este bello y admirable canto del Magnificiat.

¡Qué llenos de alegría deberíamos estar nosotros  cuando nos visita este divino Salvador en el Santísimo Sacramento, en las gracias interiores y en las palabras que cada día dirige a nuestro corazón!.


Benedicto XVI
papa 2005-2013
Encíclica «Deus caritas est», § 41ss

Meditación publicada en: https://evangeliodeldia.org

Publicado por: ACGdeMadrid - domingo, diciembre 23, 2018

22 de diciembre de 2018

Sábado 3º de Adviento - «María dio gracias al Señor»

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 46-56

En aquel tiempo, María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia, como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.» María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.


Reflexión al evangelio de hoy

«María dio gracias al Señor»
El Magnificat de María –retrato, por decirlo de alguna manera, de su alma- está enteramente bordado con hilos de la Escritura Sagrada, con hilos sacados de la Palabra de Dios. Con ello queda demostrado que en la Palabra de Dios, María se encuentra verdaderamente en su casa, entra y sale de ella con gran naturalidad. Habla y piensa por medio de la Palabra de Dios; la Palabra de Dios es su palabra, y su palabra nace de la Palabra de Dios. Además, así manifiesta que sus pensamientos son el diapasón de los pensamientos de Dios, que su voluntad consiste en querer con Dios. Estando profundamente penetrada por la Palabra de Dios, puede llegar a ser la madre de la Palabra encarnada.

María es, en fin, una mujer que ama. ¿Cómo podría ser de otra manera? Como creyente que, en la fe piensa con el pensar de Dios y quiere con la voluntad de Dios, sólo puede ser una mujer que ama. Lo percibimos a través de sus gestos silenciosos, los que se narran en los relatos de los evangelios de la infancia. Lo vemos a través de la delicadeza con la que, en Caná, se da cuenta de las necesidades en las que se encuentran los esposos y las presenta a Jesús. Lo vemos en la humildad con que acepta estar abandonada durante el periodo de la vida pública de Jesús, sabiendo que su hijo deber fundar una nueva familia y que la hora de su madre llegará tan sólo en el momento de la cruz...

    En Pentecostés serán los discípulos los que ser reunirán a su alrededor esperando el Espíritu Santo (Hch 1,14).


Benedicto XVI
papa 2005-2013
Encíclica «Deus caritas est», § 41ss

Meditación publicada en: https://evangeliodeldia.org

Publicado por: ACGdeMadrid - sábado, diciembre 22, 2018

21 de diciembre de 2018

Viernes 3º de Adviento - María se puso, rápidamente, en camino

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,39-45

Unos días después, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre.
Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»


Reflexión al evangelio de hoy

«María se puso, rápidamente, en camino hacia un pueblo de la montaña de Judea»
«¡Oíd, que llega mi amado, saltando sobre los montes, » (Ct 2,8). En principio, Cristo no se dio a conocer a la Iglesia si no por su voz. Comenzó dejando oír su voz por mediación de los profetas; sin dejarse ver, se hizo comprender. Su voz estaba en los mensajes que le anunciaban, y a lo largo de todo este tiempo, la Iglesia-Esposa reunida desde los orígenes del mundo, tan sólo la comprendía. Pero llegó un día en que ella le vio con sus propios ojos y dijo: « ¡Que llega mi amado, saltando sobre los montes!»...

Y cada alma, si el amor del Verbo de Dios la abraza...,se siente feliz y consolada cuando percibe la presencia del Esposo, cuando se encuentra delante de las difíciles palabras de la Ley y de los profetas. A medida que se aproxima a su pensamiento para iluminar su fe, le ve brincar por los montes y colinas..., y puede muy bien decir: «¡Oíd, que llega mi amado!»... Ciertamente, el Esposo ha prometido a su Esposa, es decir, a sus discípulos: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20). Pero eso no le impide decir también que se va a tomar posesión de su Reino (Lc 19,12); entonces, de nuevo, a medianoche, se oye el grito: «Mirad, que llega el Esposo» (Mt 25,6). Una veces, pues, el Esposo se hace presente y enseña, otras se hace el ausente y se le desea... Así es que, cuando el alma busca comprender y no lo alcanza, para ella el Verbo de Dios está ausente. Pero cuando encuentra al que busca, le experimenta presente sin duda ninguna y la ilumina con su luz.... Si queremos, pues, ver al Verbo de Dios, al Esposo del alma, «brincando por los collados», escuchemos primeramente su voz, y le podremos ver.


Orígenes (c. 185-253)
presbítero y teólogo
Comentario sobre el Cántico de los Cánticos, III, 11,10ss

Meditación publicada en: https://evangeliodeldia.org

Publicado por: ACGdeMadrid - viernes, diciembre 21, 2018

20 de diciembre de 2018

Jueves 3º de Adviento - Madre de todos los que viven

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,26-38

A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: «No temas, Maria, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?» El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.» María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y la dejó el ángel.


Reflexión al evangelio de hoy

«Madre de todos los que viven»
«Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, arreglada como una novia que se adorna para su esposo» (Ap 21,2). Así como el mismo Cristo bajó del cielo a la tierra, también su esposa, la santa Iglesia, tiene su origen en el cielo; nacida de la gracia de Dios bajó con el mismo Hijo de Dios y le está indisolublemente unida. Está construida con piedras vivas (1P 2,5); y su piedra fundamental se puso (Ef 2,20) cuando el Verbo de Dios asumió la naturaleza humana en el seno de la Virgen. En aquel instante se entrelazaron entre el alma del Hijo divino y el alma de su madre virginal el más íntimo lazo de unión, al que damos el nombre de nupcial.

Escondida del mundo entero, la Jerusalén celestial había bajado a la tierra. De esta primera unión nupcial nacerían todas las piedras que se irían uniendo a la poderosa construcción, todas las almas que la gracia haría despertar a la vida. Así la madre esposa llegaría a ser la madre de todos los rescatados..


Santa Teresa Benedicta de la Cruz
Edith Stein, (1891-1942), carmelita descalza, mártir, copatrona de Europa
Las bodas del Corderos

Meditación publicada en: https://evangeliodeldia.org

Publicado por: ACGdeMadrid - jueves, diciembre 20, 2018

19 de diciembre de 2018

Miércoles 3º de Adviento - Guardarás silencio...

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 5-25

En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón llamada Isabel. Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada. Una vez que oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno, según el ritual de los sacerdotes, le tocó a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso. Y se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor.
Pero el ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Te llenarás de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento. Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; se llenará de Espíritu Santo ya en el vientre materno, y convertirá muchos israelitas al Señor, su Dios. Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacía los hijos, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, preparando para el Señor un pueblo bien dispuesto.»
Zacarías replicó al ángel: «¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada.»
El ángel le contestó: «Yo soy Gabriel, que sirvo en presencia de Dios; he sido enviado a hablarte para darte esta buena noticia. Pero mira: te quedarás mudo, sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras, que se cumplirán en su momento.»
El pueblo estaba aguardando a Zacarías, sorprendido de que tardase tanto en el santuario. Al salir no podía hablarles, y ellos comprendieron que había tenido una visión en el santuario. Él les hablaba por señas, porque seguía mudo. Al cumplirse los días de su servicio en el templo volvió a casa. Días después concibió Isabel, su mujer, y estuvo sin salir cinco meses, diciendo: «Así me ha tratado el Señor cuando se ha dignado quitar mi afrenta ante los hombres.».


Reflexión al evangelio de hoy

«Guardarás silencio... hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras»
En nosotros, la voz y la palabra no son la misma cosa, porque la voz se puede hacer oír sin que tenga ningún sentido, sin palabras, y la palabra igualmente puede ser transmitida al espíritu sin voz, como ocurre con el discurso en nuestro pensamiento. De la misma manera, puesto que el Salvador es Palabra..., Juan difiere de él siendo la voz, por analogía con Cristo que es la Palabra. Es esto lo que el mismo Juan responde a los que le preguntan quién es: «Yo soy la voz del que clama en el desierto: 'Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos'» (Jn 1,23).

Es posible que sea por esta razón que Zacarías, porque dudó del nacimiento de esta voz que debía revelar a la Palabra de Dios, perdió la voz y la recuperó al nacer el que es esta voz , el precursor de la Palabra (Lc 1,64). Porque para que el espíritu pueda captar la palabra que designa a la voz, es preciso escuchar la voz. Es también por eso que, según la fecha de su nacimiento, Juan es un poco mayor que Cristo; en efecto, nosotros percibimos la voz antes que la palabra: Juan señala así a Cristo, porque es por una voz que la Palabra se manifiesta. Igualmente Cristo es bautizado por Juan que confiesa tener necesidad de ser bautizado por él (Mt 3,14)... En una palabra, cuando Juan muestra a Cristo, es un hombre que muestra a Dios, al Salvador incorporal; es una voz que muestra la Palabra...


Orígenes (c. 185-253)
presbítero y teólogo
Comentario al evangelio de san Juan, 2, 193s

Meditación publicada en: https://evangeliodeldia.org

Publicado por: ACGdeMadrid - miércoles, diciembre 19, 2018

18 de diciembre de 2018

Martes 3º de Adviento - «Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor»

Lectura del santo evangelio según san Mateo 1,18-24

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel, que significa "Dios-con-nosotros".»
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.


Reflexión al evangelio de hoy

«Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor»

El clima de silencio que acompaña todo lo que se refiere a la figura de José, se extiende también a su trabajo de carpintero en la casa de Nazaret. De todas maneras, es un silencio que revela de modo especial el perfil interior de esta figura. Los evgelios hablan exclusivamente de lo que «hizo» José; pero permiten descubrir en sus actos, envueltos de silencio, un clima de profunda contemplación. José estaba cotidianamente en contacto con el misterio «escondido desde antiguo», que «puso su morada» bajo su techo (Col 1,26; Jn 1,14)...

Puesto que el amor paternal de José no podía dejar de influir en el amor filial de Jesús y, recíprocamente, el amor filial de Jesús, no podía dejar de influir en el amor paternal de José, ¿cómo llegar a conocer en profundidad esta relación del todo singular? Las almas más sensibles a los impulsos del amor divino ven, y justamente, en José un luminoso ejemplo de vida interior. Además, la aparente tensión entre la vida activa y la vida contemplativa queda resuelta en él de manera ideal, tal como se puede realizar en el que posee la perfección de la caridad. Según la conocida distinción entre el amor a la verdad y la exigencia del amor, podemos decir que José ha experimentado tanto el amor a la verdad, es decir, el puro amor de contemplación de la verdad divina que irradiaba de la humanidad de Cristo, como la exigencia del amor, es decir, el puro amor también del servicio, exigido para la protección y el desarrollo de esta misma humanidad..


San Juan Pablo II (1920-2005)
papa
Carta apostólica « Redemptoris Custos », § 25-27

Meditación publicada en: https://evangeliodeldia.org

Publicado por: ACGdeMadrid - martes, diciembre 18, 2018

17 de diciembre de 2018

Lunes 2º de Adviento - Origen

Lectura del santo evangelio según san Mateo 1,1-17

Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán. Abrahán engendró a Isaac, Isaac a Jacob, Jacob a Judá y a sus hermanos. Judá engendró, de Tamar, a Farés y a Zará, Farés a Esrón, Esrón a Aram, Aram a Aminadab, Aminadab a Naasón, Naasón a Salmón, Salmón engendró, de Rahab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed a Jesé, Jesé engendró a David, el rey. David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón, Salomón a Roboam, Roboam a Abías, Abías a Asaf, Asaf a Josafat, Josafat a Joram, Joram a Ozías, Ozías a Joatán, Joatán a Acaz, Acaz al Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés a Amás, Amos a Josías; Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando el destierro de Babilonia. Después del destierro de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel a Zorobabel, Zorobabel a Abiud, Abiud a Eliaguín, Eliaquín a Azor, Azor a Sadoc, Sadoc a Aquirn, Aquim a Eflud, Eliud a Eleazar, Eleazar a Matan, Matan a Jacob; y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. Así, las generaciones desde Abrahán a David fueron en total catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta el Mesías, catorce.


Reflexión al evangelio de hoy

Origen

Ya estamos en la recta final de este adviento y es hora de hacer una pequeña parada para mirar al horizonte del camino que hemos recorrido y prepararnos. Es bueno ser conscientes de nuestra realidad existencial, de como somos y de lo que hacemos, igual que sabemos que es importante de dónde venimos, cuáles son nuestra raíces, nuestra genealogía. Así lo reflejan las lecturas de hoy con Jesucristo. Nunca se nos olvide que su origen es divino y humano; el hijo de María queda acreditado como tal en el comienzo del evangelio de Lucas: Jacob engendro´ a Jose´, el esposo de Mari´a, de la cual nacio´ Jesu´s, llamado Cristo. Igual que quedará acreditado como Hijo de Dios en el pasaje de la anunciación y en posteriores datos de los evangelios.

Todo esto nos quiere trasladar un mensaje de ánimo a todos nosotros: Jesús, el Señor, nos viene de Dios y, a su vez, es también el remate de un proceso histórico inserto en su totalidad en la historia del pueblo elegido. Un origen humano vinculado a la historia de la humanidad desde su pueblo. En su genealogía encontramos mujeres no israelitas, hombres criminales y pecadores, diversos ejemplares de una humanidad herida que en, en el nacido de María, recobrarán dignidad y esperanza; porque es una historia de Salvación, aunque tenga caminos desconcertantes. Es el relato de una humanidad que, también hoy, camina hacia la plenitud de Cristo Jesús.

Esta floreciendo la justicia y todos tenemos una oportunidad para ser verdaderamente quienes somos. Jesús trae de Dios la imagen de lo mejor que somos y que nos hemos “empeñado” en distorsionar o falsificar. Piensa en ti, mírate en el espejo la Palabra y pregúntale ¿qué maravilla has creado en mí? ¿quién soy yo?

Estamos en los días que había profetizado Jacob y sabemos que Dios está con nosotros y nos comprende plenamente. Él ve la verdad de nosotros y conoce nuestro corazón y lo que nos ronda por la cabeza. Confía en Él, prepárate para el gozo de la Navidad, para experimentar la luz de la salvación en ti y en tus hermanos. No reniegues de tu origen, sino avanza, saca la obra del Señor a la luz, no huyas más de tu misión y vivirás la verdadera Navidad.


Meditación publicada en: https://oracionyliturgia.archimadrid.org

Publicado por: ACGdeMadrid - lunes, diciembre 17, 2018

16 de diciembre de 2018

Domingo 3º de Adviento - Juan anunciaba al pueblo la Buena Noticia



Lectura del santo evangelio según san Lucas 3, 10-18

En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan:
–¿Entonces, qué hacemos?
El contestó:
–El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.
Vinieron también a bautizarse unos publicanos; y le preguntaron:
–Maestro, ¿qué hacemos nosotros?
El les contestó:
–No exijáis más de lo establecido.
Unos militares le preguntaron:
–¿Qué hacemos nosotros?
El les contestó:
–No hagáis extorsión a nadie, ni os aprovechéis con denuncias, sino contentaos con la paga.
El pueblo estaba en expectación y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos:
–Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizará con Espíritu Santo y fuego: tiene en la mano la horca para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.
Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba la Buena Noticia.


Reflexión al evangelio de hoy

«Con estas exhortaciones y muchas otras, Juan anunciaba al pueblo la Buena Noticia»

Juan no sólo habló en su tiempo anunciando el Señor a los fariseos diciendo: «Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos» (Mt 3,3), sino que todavía hoy grita en nosotros, y su voz de trueno hace temblar el desierto de nuestros pecados... Su voz resuena todavía hoy, diciendo: «Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos»... Nos pide que preparemos la venida del Señor construyendo un camino sólo con la pureza de nuestra fe. El Señor no recorre los caminos de la tierra sino que penetra en el secreto del corazón. Si este camino es rugoso en sus costumbres, duro en nuestra brutalidad, sucio en nuestra conducta, nos pide que lo limpiemos, lo allanemos, lo nivelemos. Así el Señor, cuando venga, en lugar de tropezar, encontrará un camino barrido por la castidad, allanado por la fe, embellecido por las limosnas. El Señor está acostumbrado a andar sobre semejante camino, puesto que el profeta dice: «Alfombrad el camino del que avanza por el desierto, su nombre es el Señor» (Sl 67, 5)...

    El mismo Juan ha perfectamente trazado y ordenado su camino para la llegada de Cristo, porque en todo ha sido sobrio, humilde, pobre y virgen. «Juan llevaba un vestido de piel de camello con una correa de cuero en la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre» (Mt 3,4). ¿Qué señal más grande de humildad que el menosprecio de vestidos suaves para vestirse de pieles rugosas? ¿Qué señal más profunda de fe que la de estar siempre a punto, la cintura ceñida, para todos los deberes del servicio? ¿Qué señal de renuncia más notoria que la de alimentarse de saltamontes y miel silvestre?

San Máximo de Turín (¿-c. 420)
Obispo
Sermón 85, PL 57, 733-736

Meditación publicada en: https://evangeliodeldia.org

Publicado por: ACGdeMadrid - domingo, diciembre 16, 2018

15 de diciembre de 2018

Sádado 2º de Adviento - También el Hijo del Hombre va a padecer






Lectura del santo evangelio según san Mateo 17, 10-13

Cuando bajaban de la montaña, los discípulos preguntaron a Jesús: «¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?»

Él les contestó: «Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido, y no lo reconocieron, sino que lo trataron a su antojo. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos.»


Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan el Bautista.»


Reflexión al evangelio de hoy

También el Hijo del Hombre va a padecer

Cuatro son los personajes de la liturgia de hoy: Elías, Juan el Bautista, Jesús y todos nosotros. Elías y Juan el Bautista tienen un rasgo común en su predicación: “mano dura”. “Elías, un profeta como un fuego, cuyas palabras eran horno encendido”. Juan el Bautista se ganó la fama de austero y de predicador recio: “Raza de víboras, ¿quién os enseñó a huir de la ira que os amenaza?... Ya está puesta el hacha a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego”.

Jesús en el anuncio y predicación de su buena noticia tiene otro tono. Un tono cercano, entrañable, más amable. Nos anuncia que Dios está dispuesto a tener unas relaciones muy cercanas, íntimas con todos los hombres, siendo nuestro Rey y Señor. Si le dejamos se ofrece  a reinar en nuestro corazón y guiar nuestras vidas. Pero es un Rey especial, tan especial que Jesús nos asegura que es nuestro Padre, que busca siempre nuestro bien. Y cuando nos despistamos y le damos la espalda está dispuesto a acogernos y perdonarnos hasta setenta veces siete, es decir, siempre. También Jesús, en la misma línea que su Padre y nuestro Padre Dios, se olvida de su condición divina y se llega hasta nosotros como nuestro servidor, señalándonos el camino que conduce a la vida y vida abundante. Las autoridades religiosas de entonces quisieron hacerle callar, pero Jesús, por ser fiel a sí mismo y a nosotros y a la enseñanza que quería dejarnos, nos siguió predicando su buena noticia, lo que le costó morir injustamente en la cruz .“El Hijo del Hombre va a padecer a manos de ellos”.

Quedamos nosotros, los que queremos vivir con intensidad este nuevo adviento. Sabemos bien lo que tenemos que hacer… seguir en todo momento a Jesús: “Te seguiré donde quiera que vayas”.

Fray Manuel Santos Sánchez
Convento de Santo Domingo (Oviedo)5

Meditación publicada en: https://www.dominicos.org

Publicado por: ACGdeMadrid - sábado, diciembre 15, 2018

14 de diciembre de 2018

Viernes 2º de Adviento - Convertirse a las repetidas llamadas de Dios






Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,16-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «¿A quién se parece esta generación? Se parece a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros: "Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado." Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: "Tiene un demonio." Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores." Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios.»


Reflexión al evangelio de hoy

Convertirse a las repetidas llamadas de Dios

Mi Señor Jesús, tú, cuyo amor por mí ha sido tan grande como para hacerte descender del cielo para salvarme. Amado Señor, muéstrame mi pecado, muéstrame mi indignidad, enséñame a arrepentirme sinceramente, perdóname según tu misericordia. Te pido, mi amado Salvador, que vuelvas a tomar posesión de mí mismo. Sólo tu gracia puede hacerlo; no puedo salvarme a mí mismo; soy incapaz de recobrar lo que he perdido. Sin ti, no puedo girarme de nuevo hacia ti, ni complacerte. Si cuento con mis propias fuerzas, iré de mal en peor, desfalleceré completamente, me endureceré en mi indigencia. Haré que el centro de mi vida sea yo en lugar de ser tú. En lugar de adorarte a ti adoraré a algún ídolo modelado por mí mismo, si tú no lo evitas con tu gracia, tú, mi único y verdadero Dios y Creador,¡Escúchame, oh mi querido Señor! He vivido ya bastante tiempo en ese estado fluctuante, indeciso y mediocre; quiero ser tu fiel servidor, no quiero pecar más. Sé misericordioso conmigo, haz que, por tu gracia, me sea posible llegar a ser ese que debería ser.

Beato John Henry Newman (1801-1890)
teólogo, fundador del Oratorio en Inglaterra
Meditaciones y Devociones, Parte 3, IV: Sin, § 25

Meditación publicada en: https://evangeliodeldia.org

Publicado por: ACGdeMadrid - viernes, diciembre 14, 2018

13 de diciembre de 2018

Jueves 2º de Adviento. - La verdadera violencia que se apodera del Reino de los cielos.






Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,11-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él. Desde los días de Juan, el Bautista, hasta ahora se hace violencia contra el reino de Dios, y gente violenta quiere arrebatárselo. Los profetas y la Ley han profetizado hasta que vino Juan; él es Elías, el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo. El que tenga oídos que escuche.»


Reflexión al evangelio de hoy

La verdadera violencia que se apodera del Reino de los cielos

Josué atravesó el Jordán para atacar a la ciudad de Jericó. Mas, san Pablo enseña: “Nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso, sino contra las fuerzas sobrehumanas y supremas del mal que dominan este mundo de tinieblas” (Ef 6,12). Las cosas que han sido escritas son imágenes y símbolos. Porque Pablo dice en otro lugar: “Todo esto les sucedía como un ejemplo: y fue escrito para escarmiento nuestro, a quienes nos ha tocado vivir en la última de las edades” (1C 10,11). Si estas cosas, pues, han sido escritas para nuestra instrucción, entonces ¿por qué tardas tú? Hagamos como Josué, marchemos a la guerra, asaltemos la ciudad más extensa de este mundo, es decir, la malicia, y destruyamos las murallas orgullosas del pecado.

¿Mirarás a tu alrededor para ver que camino has de tomar, qué campo de batalla has de escoger? Encontrarás, sin duda, que mis palabras son extrañas, y sin embargo son verdaderas: limítate a buscarlos en ti solo. En ti está la batalla que tienes que librar, en tu interior está el edificio de la malicia que es preciso abatir; tu enemigo sale del fondo de tu corazón. No soy yo quien lo digo, es Cristo; escúchale: “Los malos pensamientos, homicidios, adulterios, mala conducta, robos, falsos testimonios, difamaciones, vienen del corazón” (Mt 15,19). ¿Te das cuenta del poder de este ejército enemigo que se lanza contra ti desde el fondo de tu corazón? Estos son nuestros verdaderos enemigos.

Orígenes (c. 185-253)
presbítero y teólogo
Homilías sobre Josué, nº 5

Meditación publicada en: https://evangeliodeldia.org

Publicado por: ACGdeMadrid - jueves, diciembre 13, 2018

12 de diciembre de 2018

Miércoles 2º de Adviento. - «Mi yugo es suave y mi carga ligera»






Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,28-30

En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»


Reflexión al evangelio de hoy

«Mi yugo es suave y mi carga ligera»

hoy, Jesús nos conduce al reposo en Dios. Él es, ciertamente, un Padre exigente, porque nos ama y nos invita a darle todo, pero no es un verdugo. Cuando nos exige algo es para hacernos crecer en su amor. El único mandato es el de amar. Se puede sufrir por amor, pero también se puede gozar y descansar por amor…

La docilidad a Dios libera y ensancha el corazón. Por eso, Jesús, que nos invita a renunciar a nosotros mismos para tomar nuestra cruz y seguirle, nos dice: «Mi yugo es suave y mi carga ligera» (Mt 11,30). Aunque en ocasiones nos cuesta obedecer la voluntad de Dios, cumplirla con amor acaba por llenarnos de gozo: «Haz que vaya por la senda de tus mandamientos, pues en ella me complazco» (Sal 119,35).

Me gustaría contar un hecho. A veces, cuando después de un día bastante agotador me voy a dormir, percibo una ligera sensación interior que me dice: —¿No entrarías un momento en la capilla para hacerme compañía? Tras algunos instantes de desconcierto y resistencia, termino por consentir y pasar unos momentos con Jesús. Después, me voy a dormir en paz y tan contento, y al día siguiente no me despierto más cansado que de costumbre.

No obstante, a veces me sucede lo contrario. Ante un problema grave que me preocupa, me digo: —Esta noche rezaré durante una hora en la capilla para que se resuelva. Y al dirigirme a dicha capilla, una voz me dice en el fondo de mi corazón: —¿Sabes?, me complacería más que te fueras a acostar inmediatamente y confiaras en mí; yo me ocupo de tu problema. Y recordando mi feliz condición de "servidor inútil", me voy a dormir en paz, abandonando todo en las manos del Señor…

Todo ello viene a decir que la voluntad de Dios está donde existe el máximo amor, pero no forzosamente donde esté el máximo sufrimiento… ¡Hay más amor en descansar gracias a la confianza que en angustiarse por la inquietud!

P. Jacques PHILIPPE
(Cordes sur Ciel, Francia)

Meditación publicada en: http://evangeli.net

Publicado por: ACGdeMadrid - miércoles, diciembre 12, 2018

11 de diciembre de 2018

Martes 2º de Adviento - ¿No dejará a las noventa y nueve para ir en busca de la oveja perdida?






Lectura del santo evangelio según san Mateo 18,12-14

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.»


Reflexión al evangelio de hoy

¿No dejará a las noventa y nueve para ir en busca de la oveja perdida?

La espera del alma a la venida del Señor
No sé, oh Señor, a qué hora vendrás,
Por eso vigilo continuamente y presto atención,
Yo, Tu esposa por Ti escogida,
Porque sé que Te gusta venir inadvertidamente,
Pero el corazón puro desde lejos Te sentirá, Señor.

Te espero, Señor, entre la quietud y el silencio,
Con gran añoranza en el corazón,
Con un deseo irresistible.
Siento que mi amor hacia ti se vuelve fuego
Y como una llama ascenderá al cielo al final de la vida
Y entonces se realizarán todos mis deseos.

Ven ya, mi dulcísimo Señor,
Y lleva mi corazón sediento
Allí, donde estás Tú, a las regiones excelsas del cielo,
Donde Tu vida dura eternamente.

La vida en la tierra es una agonía continua,
Mientras mi corazón siente que está creado para grandes alturas,
Y no lo atraen nada las llanuras de esta vida,
Porque mi patria es el cielo. Ésta es mi fe inquebrantable.

Santa Faustina Kowalska (1905-1938)
religiosa
Diario, § 1589

Meditación publicada en: https://evangeliodeldia.org

Publicado por: ACGdeMadrid - martes, diciembre 11, 2018